Fragmentos: Luna Llena

septiembre 07, 2011 .

Murphy se negó a ir en el Escarabajo azul, mi viejo Volkswagen. En realidad, el Escarabajo ya no era tan azul. Una de las puertas era verde y la otra blanca. Había tenido que cambiarlas cuando una cosa con garras hizo trizas las originales. Un incendio había hecho saltar el capó y Mike, mi mecánico, lo había cambiado por otro rojo. Lo importante es que el Escarabajo funciona, aunque no corra mucho, y me siento cómodo con él. Mike ha dicho que el Escarabajo Volkswagen es el coche más fácil de reparar, por eso lo conduzco. Funciona ocho o nueve días de cada diez. Es fantástico.

Aparte de eso, había un monstruo acechando en la oscuridad, y ni la policía ni el FBI habían conseguido detenerlo. Solo quedaba yo, Harry Dresden, el simpático mago del vecindario, para intervenir y hacer algo al respecto.

Y si el asesino se enteraba de que estaba metido en el asunto, sin duda iría a por mí. Mis preocupaciones se multiplicaban.

Anímate, Harry -me dije-. Solo vas a curiosear en la guarida de una banda, a preguntarles si por casualidad han matado a alguien últimamente. ¿Qué puede salir mal?

Así que allí estaba, a punto de ser estrangulado en pleno bosque por un loco fanfarrón medio desnudo, con una mujer lobo que colgaba de una cuerda en algún lugar cercano. La herida del disparo me dolía mucho, y la mandíbula me daba punzadas donde mi amiguita la poli me había golpeado la noche anterior. He tenido días peores.

Eso es lo bueno de ser mago. Siempre puedo decirme a mí mismo con honestidad que las cosas podrían ser peor.

Mi cara esbozó una sonrisa victoriosa. La pócima había funcionado. Estaba dentro. Tuve que reprimir un impulso de ponerme a bailar claqué. A veces ser mago es muy guay.

Hice inventario. Los dientes del loup-garou me habían hecho cortes en el pie a través de la bota. Me dolía, y el calcetín estaba empapado de sangre. Dejaría pequeñas huellas rojas en el suelo cuando empezara a caminar. Podía saborear la sangre en mi boca, donde me había mordido la lengua, y tenía que escupir o tragármela. Me la tragué. Sin comentarios, por favor. Se me había entumecido la mayor parte de la espalda, y lo que no estaba entumecido me dolía un montón. Y, por supuesto, mi hombro herido me daba punzadas tan fuertes que apenas ponía mantenerme en pie.

–El cabrón me ha estropeado la bota buena -refunfuñé y, por alguna razón, la frase me pareció increíblemente divertida. Quizá ya había tenido bastante por una noche, pero fuera lo que fuese, me entró la risa tonta.

–Tú no has visto nada ¿de acuerdo, Rudy?
El novato miraba el ordenador y la pantalla quemada con una expresión de asombro. Luego me miró fijamente.
–¿Qué ha hecho?
–Nada, ni me he acercado, no he hecho nada, esa es mi versión de los hechos y no pienso cambiarla -murmuré-. ¿Tienes el vaso de papel? Vale. Entonces ya solo necesitamos un animal de peluche.
Me miró fijamente.
–¿Qu… qué ha dicho? -tartamudeó.
–¡Un animal de peluche, tío! -le grité-. ¡No interrumpas a un mago cuando está haciendo magia!

Me sentía henchido. Me sentía renovado. Me sentía más que humano, y que Dios ayude a cualquiera que se interpusiera en mi camino, porque lo necesitaría. Inspiré una vez, lenta y profundamente.
Y luego sencillamente me di la vuelta, apunté con el bastón hacia la pared y grité:
–Fuego.
El poder salió disparado del bastón en un chorro de luz escarlata.

Vale, Harry, me dije. Tranquilo. No te pongas nervioso. Lo único que tienes que hacer es aguantar hasta que lleguen los polis, y luego puedes desangrarte en paz. O ir al médico. Lo que duela menos.

Me puse en tensión y me preparé para huir a la desesperada. Prefería que me mataran intentando escapar que fingiendo estar dormido.

Se puso pálido y avanzó un paso hacia mí. Le apunté con la pistola, y se quedó inmóvil, con los puños apretados.
–No se saldrá con la suya -dijo con voz tensa.
–Cuando salga la luna -le respondí, y entonces giré sobre mis talones y me alejé rápidamente por el callejón, aunque seguramente mi calcetín en la gravilla y la cojera echaban a perder la impresionante imagen.

- No se han convertido en animales. -Miró por encima del hombro con los ojos entrecerrados-. Los animales no hacen lo que ellos han hecho. Los animales matan para comer, para defenderse o defender a los suyos, y para proteger su territorio. No para divertirse. No por el mero placer de hacerlo. -Se giró y volvió a mirarme-. Eso solo lo hacen los humanos, mago.

Se acercaron sigilosamente, sin luces que parpadearan. Quizá Denton y sus amigotes estaban acostumbrándose a la oscuridad. Avanzaban en una línea irregular, separados unos de otros unos veinte o treinta pasos, pero manteniéndose casi paralelos. Por el sonido de los pasos, todavía no iban a cuatro patas, gracias a Dios. Si se hubieran transformado en lobos me habrían atrapado, por supuesto, pero ahora aún les quedaban las manos libres para llevar pistolas. Todo tiene sus pros y sus contras, supongo.

Una parte de mí, probablemente la más inteligente, lamentó mi reacción y comenzó a catalogar el número de leyes federales y nacionales que estaba infringiendo por coger como rehén a un miembro del FBI y amenazar con matarle e intentar coger a otros tres como rehenes. Dejé de contar cuando llegué a diez, y esperé la respuesta de los hexenwulfen.

El loup-garou se precipitó hacia mí y yo me arrojé al suelo, rodando para alejarme de sus garras cuando salió. Agarró el borde de mi abrigo de cuero y lo sujetó en el suelo.
Me gustaba el abrigo, pero no tanto.

Los Alfas decidieron que yo era el mejor invento desde el pan Bimbo, lo que no me resulta muy emocionante, para qué nos vamos a engañar.

Luna Llena (The Dresden Files II)
Jim Butcher

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