Fragmentos: El Juego de Ender

julio 31, 2011 .

- He mirado con sus ojos, he escuchado con sus oídos, y te digo que es el indicado: o por lo menos, lo más adecuado que vamos a encontrar.
- Eso es lo que se dijo del hermano.
- El hermano resultó imposible. Por otras razones. Independientemente de su capacidad.
- Lo mismo pasó con la hermana. Y hay dudas sobre él. Es demasiado maleable. Demasiado dispuesto a sumergirse en la voluntad de otro.
- No si el otro es su enemigo.
- ¿Qué hacemos entonces? ¿Rodearle continuamente de enemigos?
- Si es preciso, sí.
- Creía que habías dicho que te gustaba ese chico.
- Si los insectores le cogen, harán que parezca que soy su tío favorito.
- De acuerdo. Al fin y al cabo, se trata de salvar al mundo. Siga con él.

Tengo que vencer ahora y para siempre, o tendré que pelearme todos los días y cada vez será peor.

Noquearlo significaba ganar la primera batalla. Quería ganar también todas las demás, en ese mismo momento, para que me dejaran en paz.

Pero a medida que crecía su confianza en Ender como comandante, desaparecía su amistad, traída en la memoria desde la Escuela de Batalla. Estrechaban su relación entre ellos; se intercambiaban confidencias entre ellos. Ender era su profesor y su comandante, tan distante de ellos como Mazer lo estaba de él, y tan exigente.

Ello les hizo combatir mejor. Y nada distraía a Ender de su trabajo.

El Juego de Ender
Orson Scott Card.
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