Fragmentos: Juego de Tronos

julio 30, 2011 .

- ¿Un hombre puede ser valiente cuando tiene miedo? -preguntó Bran después de meditar un instante. - Es el único momento en que puede ser valiente -dijo su padre-.

Nuestras costumbres son las antiguas. La sangre de los primeros hombres corre todavía por las venas de los Stark, y creemos que el hombre que dicta la sentencia debe blandir la espada. Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus últimas palabras. Si no soportas eso, quizá es que ese hombre no merece morir.

- Lord Stark -intervino Jon. Resultaba extraño que se dirigiera a su padre de manera tan formal. Bran lo miró, aferrándose a aquella última esperanza-. Hay cinco cachorros -siguió-. Tres machos y dos hembras.
- ¿Y qué, Jon?
- Tenéis cinco hijos legítimos. Tres chicos y dos chicas. El lobo huargo es el emblema de vuestra Casa. Estos cachorros están destinados a vuestros hijos, mi señor.

Bran vio cómo cambiaba la expresión de su padre, vio las miradas que intercambiaban el resto de los hombres. En aquel momento quiso a Jon con todo su corazón. Pese a sus siete años, comprendió qué había hecho su hermano. Las cuentas cuadraban sólo porque Jon se había excluido. Había incluido a las niñas, incluso a Rickon, que era sólo un bebé, pero no al bastardo que llevaba el apellido Nieve que, según dictaba la costumbre, debían tener en el norte todos los desafortunados que nacían sin apellido propio.

- ¿No quieres un cachorro para ti, Jon? -preguntó con voz amable su padre, que también lo había comprendido.
- El lobo huargo ondea en el estandarte de la Casa Stark -señaló Jon-. Yo no soy un Stark, padre.

Juego de Tronos (Canción de Hielo y Fuego I)
George R. R. Martin
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